- Ya sé que la astrología no es una ciencia - prosiguió Gail -. Claro que no.
No es más que un conjunto arbitrario de normas como el ajedrez, el tenis o
¿cómo se llama ese extraño juego que practican ustedes en Gran Bretaña?
- Humm... ¿El críquet? ¿El desprecio de sí mismo?
- La democracia parlamentaria. Las normas por las que se rige, más o
menos. No tienen sentido alguno salvo por sí mismas. Pero cuando esas
normas se aplican, se desencadena toda clase de procesos y se empieza a
descubrir toda clase de cosas sobre la gente. Resulta que en la astrología las
normas se aplican a los astros y los planetas, pero las consecuencias serían
las mismas si se refiriesen a los patos y los ánades. No es más que una forma
de meditar que permite poner al descubierto la estructura de un problema.
Cuanto más normas haya, cuanto más reducidas y arbitrarias sean, mejor. Es
como arrojar un puñado de polvo de grafito sobre un papel para ver dónde
están las marcas del lápiz. Permite ver las palabras escritas en el papel que
estaba encima. El grafito no tiene importancia. Sólo es el medio de revelar las
marcas. Así que ya ve, la astrología no tiene nada que ver con la astronomía.
Sólo con personas que meditan sobre otras personas.
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
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20150227
20150226
11110011
Cine. ¡Ah!, otra vez. Tricia acababa de ver la última película de Woody
Allen, que trataba de la angustia de ser neurótico en Nueva York. Ya había
hecho un par de ellas que exploraban el mismo tema y Tricia se preguntaba si
alguna vez se le había ocurrido marcharse a vivir a otro sitio, pero le dijeron
que era totalmente contrario a la idea. Así que, más películas, pensó ella.
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
20150225
11110010
Una de las cosas extraordinarias de la vida es la clase de sitios donde está
dispuesta a prosperar. En cualquier lugar donde pueda encontrar cierta especie
de asidero. Ya sea en los embriagadores mares de Santraginus V, donde
parece que a los peces les importa un bledo saber en qué dirección nadan, o
en las tormentas de fuego de Frastra, donde, según dicen, la vida empieza a
los 40.000 grados, o bien ahondando en el intestino delgado de una rata
simplemente por puro placer, la vida siempre encuentra un medio de aferrarse
a alguna parte.
Y existirá vida incluso en Nueva York, aunque es difícil saber por qué. En
invierno la temperatura cae bastante por debajo del mínimo legal o, mejor
dicho, así sería si alguien tuviera el sentido común de establecer un mínimo
legal. La última vez que elaboraron una lista de las cien cualidades más
destacadas del carácter de los neoyorquinos, el sentido común ocupaba el
puesto setenta y nueve.
En verano hace demasiado calor. Una cosa es pertenecer a una forma de
vida que prospera con el calor y considera, como los frastrianos, que una
fluctuación entre 40.000 y 40.004 representa una temperatura estable, y otra
muy distinta ser la especie de animal que tiene que envolverse en montones de
otros animales en un punto de su órbita planetario, para luego encontrarse,
media órbita después, con que la piel se le está llenando de ampollas.
La primavera está sobrevalorada. Muchos habitantes de Nueva York
parlotean exageradamente sobre los placeres de la primavera, pero si
conocieran realmente los mínimos placeres de esa estación sabrían por lo
menos de cinco mil novecientos ochenta y tres sitios mejores que Nueva York
para pasar la primavera, y sólo en la misma latitud.
El otoño, sin embargo, es lo peor. Pocas cosas son peores que el otoño en
Nueva York. Algunas de las formas de vida que habitan en los intestinos
delgados de las ratas no estarían de acuerdo, pero como en cualquier caso la
mayoría de las cosas que viven en el intestino delgado de las ratas son
desagradables, su opinión puede y debe descontarse. En otoño, en Nueva
York el aire huele a fritanga de cabra, y si se es muy aficionado a respirar, lo
mejor es abrir una ventana y meter la cabeza dentro de un edificio.
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
dispuesta a prosperar. En cualquier lugar donde pueda encontrar cierta especie
de asidero. Ya sea en los embriagadores mares de Santraginus V, donde
parece que a los peces les importa un bledo saber en qué dirección nadan, o
en las tormentas de fuego de Frastra, donde, según dicen, la vida empieza a
los 40.000 grados, o bien ahondando en el intestino delgado de una rata
simplemente por puro placer, la vida siempre encuentra un medio de aferrarse
a alguna parte.
Y existirá vida incluso en Nueva York, aunque es difícil saber por qué. En
invierno la temperatura cae bastante por debajo del mínimo legal o, mejor
dicho, así sería si alguien tuviera el sentido común de establecer un mínimo
legal. La última vez que elaboraron una lista de las cien cualidades más
destacadas del carácter de los neoyorquinos, el sentido común ocupaba el
puesto setenta y nueve.
En verano hace demasiado calor. Una cosa es pertenecer a una forma de
vida que prospera con el calor y considera, como los frastrianos, que una
fluctuación entre 40.000 y 40.004 representa una temperatura estable, y otra
muy distinta ser la especie de animal que tiene que envolverse en montones de
otros animales en un punto de su órbita planetario, para luego encontrarse,
media órbita después, con que la piel se le está llenando de ampollas.
La primavera está sobrevalorada. Muchos habitantes de Nueva York
parlotean exageradamente sobre los placeres de la primavera, pero si
conocieran realmente los mínimos placeres de esa estación sabrían por lo
menos de cinco mil novecientos ochenta y tres sitios mejores que Nueva York
para pasar la primavera, y sólo en la misma latitud.
El otoño, sin embargo, es lo peor. Pocas cosas son peores que el otoño en
Nueva York. Algunas de las formas de vida que habitan en los intestinos
delgados de las ratas no estarían de acuerdo, pero como en cualquier caso la
mayoría de las cosas que viven en el intestino delgado de las ratas son
desagradables, su opinión puede y debe descontarse. En otoño, en Nueva
York el aire huele a fritanga de cabra, y si se es muy aficionado a respirar, lo
mejor es abrir una ventana y meter la cabeza dentro de un edificio.
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11110001
La historia de la Galaxia se ha vuelto un poco confusa por una serie de motivos. En parte porque los que intentan seguirle la pista andan un poco perplejos, pero también porque de todos modos han ocurrido cosas muy desconcertantes.
Una de las complicaciones se refiere a la velocidad de la luz y a los consiguientes obstáculos para rebasarla. Es imposible. Nada viaja más deprisa que la velocidad de la luz con la posible excepción de las malas noticias, que obedecen a leyes propias particulares. Los habitantes de Hingefreel, de Arkintoofle Menor, trataron de construir naves impulsadas por malas noticias, pero no les salió muy bien y, cuando llegaban a algún sitio done realmente no tenían nada que hacer, solían dispensarles un recibimiento de lo más desagradable.
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
Una de las complicaciones se refiere a la velocidad de la luz y a los consiguientes obstáculos para rebasarla. Es imposible. Nada viaja más deprisa que la velocidad de la luz con la posible excepción de las malas noticias, que obedecen a leyes propias particulares. Los habitantes de Hingefreel, de Arkintoofle Menor, trataron de construir naves impulsadas por malas noticias, pero no les salió muy bien y, cuando llegaban a algún sitio done realmente no tenían nada que hacer, solían dispensarles un recibimiento de lo más desagradable.
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
20141007
11110000
Estas son las palabras que finalmente me convirtieron en el ermitaño que ahora soy, fue muy repentino. Las vi y supe lo que tenía que hacer.
El letrero decía:
Sujete el palillo por la mitad. Humedezca con la boca el extremo puntiagudo. Introdúzcalo en el espacio interdental, con el extremo romo cerca de la encía. Muévalo suavemente de dentro a afuera.
- Me pareció - dijo Wonko el Cuerdo - que una civilización que hubiera perdido la cabeza hasta el punto de incluir una serie de instrucciones detalladas para utilizar un paquete de palillos de dientes ya no era una civilización en la que yo pudiera vivir y seguir cuerdo.
Importado de "Hasta luego y gracias por el pescado"
El letrero decía:
Sujete el palillo por la mitad. Humedezca con la boca el extremo puntiagudo. Introdúzcalo en el espacio interdental, con el extremo romo cerca de la encía. Muévalo suavemente de dentro a afuera.
- Me pareció - dijo Wonko el Cuerdo - que una civilización que hubiera perdido la cabeza hasta el punto de incluir una serie de instrucciones detalladas para utilizar un paquete de palillos de dientes ya no era una civilización en la que yo pudiera vivir y seguir cuerdo.
Importado de "Hasta luego y gracias por el pescado"
20141006
11101111
Tomando bocadillos en los bares los sábados a la hora de comer, es como los británicos intentan expiar sus pecados nacionales, cualesquiera que sean.
No tienen nada claro qué clase de pecados son, y tampoco quieren saberlo. Ese es el tipo de cosas que uno no quiere saber. Pero sean los que sean, quedan ampliamente purgados por los bocadillos que se obligan a comer.
Si algo hay pedir que los bocadillos, son las salchichas que siempre se encuentran a su lado. Cilindros sin alegría, llenos de cartílagos, que flotan en un mar de algo caliente y triste, con un alfiler de plástico en forma de gorro de jefe de cocina: en recuerdo, podría pensarse, de algún cocinero que odiaba al mundo y murió olvidado y solo entre sus gatos en una escalera de servicio en Stepney.
Las salchichas son para quienes saben cuáles son sus pecados desean expiar alguno en concreto.
Importado de "Hasta luego, y gracias por el pescado"
No tienen nada claro qué clase de pecados son, y tampoco quieren saberlo. Ese es el tipo de cosas que uno no quiere saber. Pero sean los que sean, quedan ampliamente purgados por los bocadillos que se obligan a comer.
Si algo hay pedir que los bocadillos, son las salchichas que siempre se encuentran a su lado. Cilindros sin alegría, llenos de cartílagos, que flotan en un mar de algo caliente y triste, con un alfiler de plástico en forma de gorro de jefe de cocina: en recuerdo, podría pensarse, de algún cocinero que odiaba al mundo y murió olvidado y solo entre sus gatos en una escalera de servicio en Stepney.
Las salchichas son para quienes saben cuáles son sus pecados desean expiar alguno en concreto.
Importado de "Hasta luego, y gracias por el pescado"
20141005
11101110
Will Smithers, por ejemplo, el dueño de Ignorantón, perro nada prodigioso y animal tan estúpido que lo habían despedido de uno de los anuncios de Will por ser incapaz de saber qué comida de perro debía preferir, pese al hecho de que en los demás cuencos habían vertido aceite de motores.
Importado de "Hasta luego, y gracias por el pescado"
20141002
11101011
- Procede de una democracia muy antigua, ¿comprendes?
- ¿Quieres decir que viene de un mundo de lagartos?
- No - dijo Ford, que entonces estaba en un plan algo más racional y coherente que antes, una vez que se le obligó a beber el café -, no es tan sencillo. No es así de simple. En su mundo, la gente es gente. Los dirigentes son lagartos. La gente odia a los lagartos y los lagartos gobiernan a la gente.
- Qué raro - comentó Arthur -, te había entendido que era una democracia.
- Eso dije. Y lo es - aseguró Ford.
- Entonces, ¿por qué la gente no se libra de los lagartos? - preguntó Arthur, esperando no parecer ridículamente obtuso.
- Francamente, no se les ocurre. Todos tienen que votar, de manera que creen que el gobierno que votan es más o menos lo que quieren.
- ¿Quieres decir que efectivamente votan a los lagartos?
- Pues claro - repuso Ford, encogiéndose de hombros.
- Pero - objetó Arthur, volviendo de nuevo a la gran pregunta -, ¿por qué?
- Porque si no votaran por un lagarto determinado - explicó Ford -, podría salir el lagarto que no conviene. ¿Tienes ginebra?
- ¿Qué?
- He preguntado - dijo Ford, con un creciente tono de urgencia en la voz - que si tienes ginebra.
- Ya miraré. Háblame de los lagartos.
Ford volvió a encogerse de hombros.
- Algunos dicen que los lagartos son lo mejor que han conocido nunca. Están totalmente equivocados, por supuesto, entera y absolutamente equivocados, pero alguien se lo tiene que decir.
- Pero eso es terrible - observó Arthur.
- Mira tío - repuso Ford -, si me hubieran dado un dólar altariano cada vez que alguien mira a una parte del Universo y dice «Eso es terrible», no estaría aquí sentado como un limón esperando una ginebra. Pero no tengo ninguno, y aquí estoy.
Importado de "Hasta luego, y gracias por el pescado"
- ¿Quieres decir que viene de un mundo de lagartos?
- No - dijo Ford, que entonces estaba en un plan algo más racional y coherente que antes, una vez que se le obligó a beber el café -, no es tan sencillo. No es así de simple. En su mundo, la gente es gente. Los dirigentes son lagartos. La gente odia a los lagartos y los lagartos gobiernan a la gente.
- Qué raro - comentó Arthur -, te había entendido que era una democracia.
- Eso dije. Y lo es - aseguró Ford.
- Entonces, ¿por qué la gente no se libra de los lagartos? - preguntó Arthur, esperando no parecer ridículamente obtuso.
- Francamente, no se les ocurre. Todos tienen que votar, de manera que creen que el gobierno que votan es más o menos lo que quieren.
- ¿Quieres decir que efectivamente votan a los lagartos?
- Pues claro - repuso Ford, encogiéndose de hombros.
- Pero - objetó Arthur, volviendo de nuevo a la gran pregunta -, ¿por qué?
- Porque si no votaran por un lagarto determinado - explicó Ford -, podría salir el lagarto que no conviene. ¿Tienes ginebra?
- ¿Qué?
- He preguntado - dijo Ford, con un creciente tono de urgencia en la voz - que si tienes ginebra.
- Ya miraré. Háblame de los lagartos.
Ford volvió a encogerse de hombros.
- Algunos dicen que los lagartos son lo mejor que han conocido nunca. Están totalmente equivocados, por supuesto, entera y absolutamente equivocados, pero alguien se lo tiene que decir.
- Pero eso es terrible - observó Arthur.
- Mira tío - repuso Ford -, si me hubieran dado un dólar altariano cada vez que alguien mira a una parte del Universo y dice «Eso es terrible», no estaría aquí sentado como un limón esperando una ginebra. Pero no tengo ninguno, y aquí estoy.
Importado de "Hasta luego, y gracias por el pescado"
20141001
11101010
PROLOGO
En los remotos e inexplorados confines del arcaico extremo occidental de la Espiral de la Galaxia, brilla un pequeño y despreciable sol amarillento.
En su órbita, a una distancia aproximada de ciento cincuenta millones de kilómetros gira un pequeño planeta totalmente insignificante de color azul verdoso, cuyos pobladores, descendientes de los simios, son tan asombrosamente primitivos que aún creen que los relojes digitales son de muy buen gusto.
Ese planeta tiene o, mejor dicho, tenía el problema siguiente: la mayoría de sus habitantes eran desdichados durante casi todo el tiempo.
Muchas soluciones se sugirieron para tal problema, pero la mayor parte de ellas se referían principalmente a los movimientos de unos papelitos verdes; cosa extraña, ya que los papelitos verdes no eran precisamente quienes se sentían desdichados.
De manera que persistió el problema; muchos eran mezquinos, y la mayoría se sentían desgraciados, incluso los que poseían relojes digitales.
Cada vez eran más los que pensaban que, en primer lugar, habían cometido un grave error al bajar de los árboles. Y algunos afirmaban que lo de los árboles había sido una equivocación, y que nadie debería haber salido de los océanos.
Y entonces, un jueves, casi dos mil años después de que clavaran a un hombre a un árbol por decir que, para variar, sería estupendo portarse bien con los demás, una muchacha sentada sola en un pequeño bar de Rickmansworth comprendió de pronto qué había ido mal hasta entonces, y supo por fin cómo el mundo podría convertirse en un lugar agradable y feliz. Esta vez era cierto, daría resultado, y no habría que clavar a nadie a ningún sitio.
Lamentablemente, sin embargo, antes de que, pudiera llegar a un teléfono para contárselo a alguien, la Tierra fue súbitamente demolida para dar paso a una nueva vía de circunvalación hiperespacial. Y así se perdió la idea, al parecer para siempre.
Esta es la historia de la muchacha.
Importado de "Hasta luego y gracias por el pescado"
En los remotos e inexplorados confines del arcaico extremo occidental de la Espiral de la Galaxia, brilla un pequeño y despreciable sol amarillento.
En su órbita, a una distancia aproximada de ciento cincuenta millones de kilómetros gira un pequeño planeta totalmente insignificante de color azul verdoso, cuyos pobladores, descendientes de los simios, son tan asombrosamente primitivos que aún creen que los relojes digitales son de muy buen gusto.
Ese planeta tiene o, mejor dicho, tenía el problema siguiente: la mayoría de sus habitantes eran desdichados durante casi todo el tiempo.
Muchas soluciones se sugirieron para tal problema, pero la mayor parte de ellas se referían principalmente a los movimientos de unos papelitos verdes; cosa extraña, ya que los papelitos verdes no eran precisamente quienes se sentían desdichados.
De manera que persistió el problema; muchos eran mezquinos, y la mayoría se sentían desgraciados, incluso los que poseían relojes digitales.
Cada vez eran más los que pensaban que, en primer lugar, habían cometido un grave error al bajar de los árboles. Y algunos afirmaban que lo de los árboles había sido una equivocación, y que nadie debería haber salido de los océanos.
Y entonces, un jueves, casi dos mil años después de que clavaran a un hombre a un árbol por decir que, para variar, sería estupendo portarse bien con los demás, una muchacha sentada sola en un pequeño bar de Rickmansworth comprendió de pronto qué había ido mal hasta entonces, y supo por fin cómo el mundo podría convertirse en un lugar agradable y feliz. Esta vez era cierto, daría resultado, y no habría que clavar a nadie a ningún sitio.
Lamentablemente, sin embargo, antes de que, pudiera llegar a un teléfono para contárselo a alguien, la Tierra fue súbitamente demolida para dar paso a una nueva vía de circunvalación hiperespacial. Y así se perdió la idea, al parecer para siempre.
Esta es la historia de la muchacha.
Importado de "Hasta luego y gracias por el pescado"
20140928
11100111
-Bueno, pues ese es el adiós a la galaxia -dijo Arthur, dándose una palmada en las rodillas y levantándose.
-No -dijo gravemente Slartibartfast-. Nuestro rumbo está claro.
En su frente se hicieron surcos suficientes para sembrar verduras de raíz pequeña. Se puso en pie, paseó de un lado para el otro. Cuando volvió a halar, lo que dijo le asustó tanto, que tuvo que sentarse otra vez.
-Hemos vuelto a fracasar de manera lastimosa. Muy penosa.
-Eso es porque no nos importa lo bastante -comentó Ford en voz baja-. Te lo dije.
Colocó los pies sobre el panel de instrumentos y con aire incierto empezó a hurgar algo que tenía en una uña.
-Pero a menos que decidamos tomar medidas -dijo el anciano en tono quejumbroso, como si luchara contra cierta indiferencia profunda de su naturaleza-, todos seremos destruidos, moriremos todos. Sin duda eso sí nos importa, ¿Verdad?
-No lo suficiente para querer que nos maten por ello -repuso Ford, que esbozó una especie de falsa sonrisa exhibiéndola por toda la cámara para todo aquel que quisiera contemplarla.
Importado de "La vida, el universo y todo lo demás"
-No -dijo gravemente Slartibartfast-. Nuestro rumbo está claro.
En su frente se hicieron surcos suficientes para sembrar verduras de raíz pequeña. Se puso en pie, paseó de un lado para el otro. Cuando volvió a halar, lo que dijo le asustó tanto, que tuvo que sentarse otra vez.
-Hemos vuelto a fracasar de manera lastimosa. Muy penosa.
-Eso es porque no nos importa lo bastante -comentó Ford en voz baja-. Te lo dije.
Colocó los pies sobre el panel de instrumentos y con aire incierto empezó a hurgar algo que tenía en una uña.
-Pero a menos que decidamos tomar medidas -dijo el anciano en tono quejumbroso, como si luchara contra cierta indiferencia profunda de su naturaleza-, todos seremos destruidos, moriremos todos. Sin duda eso sí nos importa, ¿Verdad?
-No lo suficiente para querer que nos maten por ello -repuso Ford, que esbozó una especie de falsa sonrisa exhibiéndola por toda la cámara para todo aquel que quisiera contemplarla.
Importado de "La vida, el universo y todo lo demás"
20140927
11100111
- ¿Y le piden que tome decisiones por ellos? - prosiguió Zarniwoop -. ¿Acerca
de la vida de la gente, de los mundos, de economía, de guerras, de todo lo que
pasa ahí fuera, en el Universo?
- ¿Ahí fuera? - dijo el hombre -. ¿Ahí fuera, dónde?
- ¡Ahí fuera! - exclamó Zarniwoop, señalando a la puerta.
- ¿Cómo puedes saber si hay algo ahí fuera? - dijo cortésmente el hombre -. La
puerta está cerrada.
La lluvia seguía golpeteando el techo. Dentro de la cabaña hacía calor.
- ¡Pero usted sabe que ahí fuera hay todo un Universo! - gritó Zarniwoop -. ¡No
puede eludir sus responsabilidades diciendo que no existen!
El soberano del Universo reflexionó durante largo rato mientras Zarniwoop
temblaba de ira.
- Estás muy seguro de tus hechos - dijo al fin el habitante de la cabaña -. Yo no
podría confiar en el razonamiento de un hombre que da por sentada la
existencia del Universo.
Zarniwoop siguió temblando, pero guardó silencio.
- Yo sólo tomo decisiones respecto a mi universo - prosiguió el hombre en voz
baja -. Mi universo son mis ojos y mis oídos. Todo lo demás son rumores.
- Pero ¿no cree usted en nada?
El amo del mundo se encogió de hombros y tomó en brazos al gato.
- No entiendo lo que quieres decir - manifestó.
- ¿No comprende que lo que usted decide en esta cabaña suya afecta a la vida
y al destino de millones de seres? ¡Esto es una injusticia monstruosa!
- No sé. Nunca he visto a toda esa gente de que hablas. Y sospecho que tú
tampoco. Sólo tienen existencia en las palabras que oímos. Es absurdo decir
que se sabe lo que le ocurre a otras personas. Sólo ellas lo saben, si es que
existen. Tienen sus propios universos en sus ojos y oídos.
- Creo que voy a salir un poco - dijo Trillian. Salió y empezó a pasear bajo la
lluvia.
- ¿Cree usted que existen otros seres? - insistió Zarniwoop.
- Yo no tengo opinión. ¿Cómo podría saberlo?
- Será mejor que vaya a ver lo que le pasa a Trillian - dijo Zaphod, y salió
rápidamente.
Una vez afuera, dijo a la muchacha:
- Creo que el Universo está en muy buenas manos, ¿eh?
- Estupendas - convino Trillian. Fueron caminando bajo la lluvia.
Dentro, Zarniwoop siguió hablando:
- Pero ¿no comprende que la gente vive o muere por una palabra suya?
(...)
- Eso no tiene nada que ver conmigo - afirmó. - No sé nada de la gente. El
Señor sabe que no soy un hombre cruel.
- ¡Ah! - gritó Zarniwoop -. Ha dicho «El Señor». ¡Cree en algo!
- Es mi gato - dijo el hombre afablemente, cogiendo al animal y acariciándolo -.
Le llamo El Señor. Soy cariñoso con él.
- Muy bien - dijo Zarniwoop, insistiendo en su punto de vista -. ¿Cómo sabe que
existe el gato? ¿Cómo sabe que él sabe que es usted cariñoso, o que le gusta
lo que él entienda por su cariño?
- No lo sé - dijo el hombre sonriendo -. No tengo idea. Sólo que me gusta
comportarme de una manera determinada con lo que parece ser un gato. ¿Te
comportas tú de otro modo? Por favor, me parece que estoy cansado.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
de la vida de la gente, de los mundos, de economía, de guerras, de todo lo que
pasa ahí fuera, en el Universo?
- ¿Ahí fuera? - dijo el hombre -. ¿Ahí fuera, dónde?
- ¡Ahí fuera! - exclamó Zarniwoop, señalando a la puerta.
- ¿Cómo puedes saber si hay algo ahí fuera? - dijo cortésmente el hombre -. La
puerta está cerrada.
La lluvia seguía golpeteando el techo. Dentro de la cabaña hacía calor.
- ¡Pero usted sabe que ahí fuera hay todo un Universo! - gritó Zarniwoop -. ¡No
puede eludir sus responsabilidades diciendo que no existen!
El soberano del Universo reflexionó durante largo rato mientras Zarniwoop
temblaba de ira.
- Estás muy seguro de tus hechos - dijo al fin el habitante de la cabaña -. Yo no
podría confiar en el razonamiento de un hombre que da por sentada la
existencia del Universo.
Zarniwoop siguió temblando, pero guardó silencio.
- Yo sólo tomo decisiones respecto a mi universo - prosiguió el hombre en voz
baja -. Mi universo son mis ojos y mis oídos. Todo lo demás son rumores.
- Pero ¿no cree usted en nada?
El amo del mundo se encogió de hombros y tomó en brazos al gato.
- No entiendo lo que quieres decir - manifestó.
- ¿No comprende que lo que usted decide en esta cabaña suya afecta a la vida
y al destino de millones de seres? ¡Esto es una injusticia monstruosa!
- No sé. Nunca he visto a toda esa gente de que hablas. Y sospecho que tú
tampoco. Sólo tienen existencia en las palabras que oímos. Es absurdo decir
que se sabe lo que le ocurre a otras personas. Sólo ellas lo saben, si es que
existen. Tienen sus propios universos en sus ojos y oídos.
- Creo que voy a salir un poco - dijo Trillian. Salió y empezó a pasear bajo la
lluvia.
- ¿Cree usted que existen otros seres? - insistió Zarniwoop.
- Yo no tengo opinión. ¿Cómo podría saberlo?
- Será mejor que vaya a ver lo que le pasa a Trillian - dijo Zaphod, y salió
rápidamente.
Una vez afuera, dijo a la muchacha:
- Creo que el Universo está en muy buenas manos, ¿eh?
- Estupendas - convino Trillian. Fueron caminando bajo la lluvia.
Dentro, Zarniwoop siguió hablando:
- Pero ¿no comprende que la gente vive o muere por una palabra suya?
(...)
- Eso no tiene nada que ver conmigo - afirmó. - No sé nada de la gente. El
Señor sabe que no soy un hombre cruel.
- ¡Ah! - gritó Zarniwoop -. Ha dicho «El Señor». ¡Cree en algo!
- Es mi gato - dijo el hombre afablemente, cogiendo al animal y acariciándolo -.
Le llamo El Señor. Soy cariñoso con él.
- Muy bien - dijo Zarniwoop, insistiendo en su punto de vista -. ¿Cómo sabe que
existe el gato? ¿Cómo sabe que él sabe que es usted cariñoso, o que le gusta
lo que él entienda por su cariño?
- No lo sé - dijo el hombre sonriendo -. No tengo idea. Sólo que me gusta
comportarme de una manera determinada con lo que parece ser un gato. ¿Te
comportas tú de otro modo? Por favor, me parece que estoy cansado.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
20140926
11100110
¿No podríamos largarnos un rato a una fiesta o algo así, para pensarlo?
-Por lo que me figuro -dijo al voz etérea de Gargrabar-, es posible que yo esté en una. Es decir, mi cuerpo. Va a muchas fiestas sin mí. Dice que lo único que hago es estorbar. Ya ves.
-Qué es todo eso de tu cuerpo? -preguntó Zaphod, deseoso de aplazar lo que fuera a ocurrirle.
-Pues se trata... de que está muy ocupado, ¿sabes? -contestó Gargraar, titubeando.
-¿Quieres decir que tiene una mente propia? -dijo Zaphod.
Hubo un silencio largo y un tanto glacial.
-Tengo que decir -repuso al fin Gargrabar- que esa observación me parece de muy mal gusto.
Zaphod masculló una disculpa confusa y avergonzada.
-No importa -dijo Gargrabar-, no tenías por qué saberlo. La voz revoloteó insatisfecha.
-Lo cierto es -prosiguió en un tono que sugería que intentaba dominarla con todas sus fuerzas-, lo cierto es que en estos momentos pasamos por un período de separación legal. Sospecho que terminará en divorcio.
La voz volvió a apagarse, y Zaphod quedó sin saber qué decir. Emitió un murmullo confuso.
-Creo que no estamos hechos el uno para el otro -continuó al cabo Gargrabar-; nunca hemos sido felices haciendo las mismas cosas. Siempre hemos tenido unas discusiones formidables sobre la pesca y la sexualidad. Al fin tratamos de combinar las dos cosas, pero como puedes imaginarte, no fue más que un desastre. Y ahora mi cuerpo se niega a dejarme entrar. Ni siquiera quiere verme...
Volvió a hacer una pausa dramática. El viento azotaba la llanura.
-Dice que sólo le produzco inhibiciones. Le señalé que yo sólo quería habitarlo, y contestó que eso era exactamente la clase de observación sabihonda que le sale a un cuerpo por la aleta izquierda de la nariz, de modo que lo dejamos.
Importado de "El Restaurante del Fin de Mundo"
-Por lo que me figuro -dijo al voz etérea de Gargrabar-, es posible que yo esté en una. Es decir, mi cuerpo. Va a muchas fiestas sin mí. Dice que lo único que hago es estorbar. Ya ves.
-Qué es todo eso de tu cuerpo? -preguntó Zaphod, deseoso de aplazar lo que fuera a ocurrirle.
-Pues se trata... de que está muy ocupado, ¿sabes? -contestó Gargraar, titubeando.
-¿Quieres decir que tiene una mente propia? -dijo Zaphod.
Hubo un silencio largo y un tanto glacial.
-Tengo que decir -repuso al fin Gargrabar- que esa observación me parece de muy mal gusto.
Zaphod masculló una disculpa confusa y avergonzada.
-No importa -dijo Gargrabar-, no tenías por qué saberlo. La voz revoloteó insatisfecha.
-Lo cierto es -prosiguió en un tono que sugería que intentaba dominarla con todas sus fuerzas-, lo cierto es que en estos momentos pasamos por un período de separación legal. Sospecho que terminará en divorcio.
La voz volvió a apagarse, y Zaphod quedó sin saber qué decir. Emitió un murmullo confuso.
-Creo que no estamos hechos el uno para el otro -continuó al cabo Gargrabar-; nunca hemos sido felices haciendo las mismas cosas. Siempre hemos tenido unas discusiones formidables sobre la pesca y la sexualidad. Al fin tratamos de combinar las dos cosas, pero como puedes imaginarte, no fue más que un desastre. Y ahora mi cuerpo se niega a dejarme entrar. Ni siquiera quiere verme...
Volvió a hacer una pausa dramática. El viento azotaba la llanura.
-Dice que sólo le produzco inhibiciones. Le señalé que yo sólo quería habitarlo, y contestó que eso era exactamente la clase de observación sabihonda que le sale a un cuerpo por la aleta izquierda de la nariz, de modo que lo dejamos.
Importado de "El Restaurante del Fin de Mundo"
20140213
11010011
La primera cifra no absoluta es el número de personas para quienes se reserva mesa. Ello varía a lo largo de las tres primeras llamadas telefónicas al restaurante, y luego no guarda relación clara con la cantidad de personas que terminan presentándose, ni con las que a continuación se unen a ellas tras el espectáculo/partido/fiesta/sesión musical, ni con los que se van al ver quién más ha venido.
El segundo número no absoluto es el de la hora de llegada prevista, a quien actualmente se conoce como uno de los conceptos matemáticos más extraños, un recipriversexclúson, cifra cuya existencia sólo puede definirse como distinta a la suya propia. En otras palabras, la hora prevista de llegada es el preciso momento en que es imposible que llegue cualquier miembro del grupo. (...).
El tercero de los no absolutos, y el más misterioso de todos, reside en la relación entre el número de artículos de la cuenta, el precio de cada uno, el número de personas a la mesa y lo que éstas están dispuestas a pagar (en este campo, el número de personas que han traído dinero es únicamente un subfenómeno).
Las desconcertantes discrepancias que solían producirse en este aspecto no se han investigado durante siglos sólo porque nadie las ha tomado en serio. En el momento se achacaban a cosas tales como cortesía, grosería, cicatería, ostentación, cansancio, emotividad o lo avanzado de la hora, olvidándose por entero a la mañana siguiente. Jamáas se han examinado en condiciones de laboratorio, desde luego, porque nunca ocurren el laboratorios, al menos en laboratorios respetables.
Importado de "La vida, el universo y todo lo demás"
El segundo número no absoluto es el de la hora de llegada prevista, a quien actualmente se conoce como uno de los conceptos matemáticos más extraños, un recipriversexclúson, cifra cuya existencia sólo puede definirse como distinta a la suya propia. En otras palabras, la hora prevista de llegada es el preciso momento en que es imposible que llegue cualquier miembro del grupo. (...).
El tercero de los no absolutos, y el más misterioso de todos, reside en la relación entre el número de artículos de la cuenta, el precio de cada uno, el número de personas a la mesa y lo que éstas están dispuestas a pagar (en este campo, el número de personas que han traído dinero es únicamente un subfenómeno).
Las desconcertantes discrepancias que solían producirse en este aspecto no se han investigado durante siglos sólo porque nadie las ha tomado en serio. En el momento se achacaban a cosas tales como cortesía, grosería, cicatería, ostentación, cansancio, emotividad o lo avanzado de la hora, olvidándose por entero a la mañana siguiente. Jamáas se han examinado en condiciones de laboratorio, desde luego, porque nunca ocurren el laboratorios, al menos en laboratorios respetables.
Importado de "La vida, el universo y todo lo demás"
20140212
11010010
Uno de los problemas fundamentales en los viajes a través del tiempo no consiste en que uno se convierta por accidente en su padre o en su madre. En el hecho de convertirse en su propio padre o en su madre no existen problemas que una familia bien ajustada y de mentalidad abierta no pueda solucionar. Tampoco hay problema alguno en cuanto a modificar el curso de la historia; el devenir de la historia no cambia porque toda ella encaja como un rompecabezas. Todos los cambios importantes se producen antes de las cosas que supuestamente debían cambiar, y al final todo se arregla.
Sencillamente, el problema fundamental es de gramática, y para este tema la principal obra de consulta es la del doctor Dan Callejero, Manual del viajero del tiempo, con 1001 formaciones verbales. Este libro enseña, por ejemplo, a describir algo que está a punto de ocurrirle a uno en el pasado antes de que se salte dos días con el fin de evitarlo. El suceso se describirá de manera diferente según con quién esté hablando uno desde el punto de vista del tiempo natural, desde un momento en el futuro lejano o en el pasado remoto, y se hace más complejo por la posibilidad de mantener conversaciones mientras que en realidad uno se dedica a viajar de un tiempo a otro con intención de convertirse en su propia madre o en su propio padre.
Antes de dejarlo, la mayoría de los lectores llegan hasta el Futuro Semicondicionalmente Modificado del Subjuntivo Intencional Subinvertido Pasado Plagal; y en realidad, en ediciones posteriores del libro, todas las páginas que siguen a ese punto se han dejado en blanco para ahorrar costes de impresión.
La Guía del autoestopista galáctico pasa por alto ese laberinto de abstracción académica, observando únicamente de pasada que el término "Futuro Perfecto" se abandonó desde que se descubrió que no lo era.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
Sencillamente, el problema fundamental es de gramática, y para este tema la principal obra de consulta es la del doctor Dan Callejero, Manual del viajero del tiempo, con 1001 formaciones verbales. Este libro enseña, por ejemplo, a describir algo que está a punto de ocurrirle a uno en el pasado antes de que se salte dos días con el fin de evitarlo. El suceso se describirá de manera diferente según con quién esté hablando uno desde el punto de vista del tiempo natural, desde un momento en el futuro lejano o en el pasado remoto, y se hace más complejo por la posibilidad de mantener conversaciones mientras que en realidad uno se dedica a viajar de un tiempo a otro con intención de convertirse en su propia madre o en su propio padre.
Antes de dejarlo, la mayoría de los lectores llegan hasta el Futuro Semicondicionalmente Modificado del Subjuntivo Intencional Subinvertido Pasado Plagal; y en realidad, en ediciones posteriores del libro, todas las páginas que siguen a ese punto se han dejado en blanco para ahorrar costes de impresión.
La Guía del autoestopista galáctico pasa por alto ese laberinto de abstracción académica, observando únicamente de pasada que el término "Futuro Perfecto" se abandonó desde que se descubrió que no lo era.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
20140211
11010001
El problema más importante, o uno de los problemas más importantes, porque hay varios; es decir, uno de los muchos problemas más importantes de la clase dirigente consiste en encontrar a la persona que realice tareas de gobierno; o mejor dicho, a quién va a encargarse de encontrar gente que se encargue de realizarlas para ellos.
Resumamos: es un hecho bien conocido que las personas que más deseos tienen de gobernar a la gente son, ipso facto, las menos adecuadas para ello. Abreviemos el resumen: a cualquiera que sea capaz de nombrarse Presidente a sí mismo, no debería permitírsele en modo alguno realizar dicha tarea. Abreviemos el resumen del resumen: la gente es un problema.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
Resumamos: es un hecho bien conocido que las personas que más deseos tienen de gobernar a la gente son, ipso facto, las menos adecuadas para ello. Abreviemos el resumen: a cualquiera que sea capaz de nombrarse Presidente a sí mismo, no debería permitírsele en modo alguno realizar dicha tarea. Abreviemos el resumen del resumen: la gente es un problema.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
20140210
11010000
El Universo: algunas informaciones para ayudarle a vivir en él.
1 Zona: Infinito.
La Guía del autoestopista galáctico da la siguiente definición de la palabra «infinito».
Infinito: Mayor que la cosa más grande que haya existido nunca, y más. Mucho mayor que eso, en realidad; verdadera y asombrosamente enorme, de un tamaño absolutamente pasmoso, algo para decir: «vaya, qué cosa tan inmensa». El infinito es simplemente tan grande, que en comparación la grandeza misma resulta una nadería. Lo que tratamos de exponer es una especie de concepto que resultaría de lo gigantesco multiplicado por lo colosal multiplicado por lo asombrosamente enorme.
2 Importaciones: Ninguna
Es imposible importar cosas a una zona infinita, al no haber un exterior del que importarlas.
3 Exportaciones: Ninguna.
Véase Importaciones
4 Población: Ninguna.
Es sabido que existe un número infinito de mundos, sencillamente porque hay una cantidad infinita de espacio para que todos se asienten en él. Sin embargo, no todos están habitados. Por tanto, debe haber un número finito de mundos habitados. Un número finito dividido por infinito se aproxima lo suficiente a la nada para que no haya diferencia, de manera que puede afirmarse que la población media de todos los planetas del Universo es cero. De ello se desprende que la población media de todo el Universo también es cero, y que todas las personas con que uno pueda encontrarse de vez en cuando no son más que el producto de una imaginación trastornada.
5 Unidades monetarias: Ninguna.
En realidad, en la Galaxia hay tres monedas de libre cambio, pero ninguna cuenta. El dólar altairiano se ha desmoronado hace poco, la bolita pobble llainiana sólo se puede cambiar por otras bolitas pobbles llainianas, y el pu trigánico tiene sus propios problemas muy particulares. Su tasa de cambio, ocho ningis por un pu, es bastante simple, pero como un ningi es una moneda triangular de goma, de diez mil cuatrocientos kilómetros por cada lado, nunca ha tenido nadie suficiente para poseer un pu. El ningi no es una moneda negociable porque los galactibancos se niegan a tratar con un cambio insignificante. A partir de esta premisa fundamental es muy sencillo demostrar que los galactibancos también son producto de una imaginación trastornada.
6 Arte: Ninguno
La función del arte es servir de espejo a la naturaleza, y no existe un espejo lo suficientemente grande: véase el punto uno.
7 Sexualidad: Ninguna.
Bueno, en realidad hay muchísima, sobre todo debido a la total ausencia de dinero, de comercio, de bancos, de arte y de cualquier otra cosa que mantenga ocupada a toda la población inexistente del Universo.
Sin embargo, no vale la pena emprender ahora una larga discusión sobre ello, porque es algo verdaderamente muy complicado. Para más información véanse los capítulos siete, nueve, diez, once, catorce, dieciséis, diecisiete, diecinueve, veintiuno a ochenta y cuatro inclusive, y la mayor parte del resto de
la Guía.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
1 Zona: Infinito.
La Guía del autoestopista galáctico da la siguiente definición de la palabra «infinito».
Infinito: Mayor que la cosa más grande que haya existido nunca, y más. Mucho mayor que eso, en realidad; verdadera y asombrosamente enorme, de un tamaño absolutamente pasmoso, algo para decir: «vaya, qué cosa tan inmensa». El infinito es simplemente tan grande, que en comparación la grandeza misma resulta una nadería. Lo que tratamos de exponer es una especie de concepto que resultaría de lo gigantesco multiplicado por lo colosal multiplicado por lo asombrosamente enorme.
2 Importaciones: Ninguna
Es imposible importar cosas a una zona infinita, al no haber un exterior del que importarlas.
3 Exportaciones: Ninguna.
Véase Importaciones
4 Población: Ninguna.
Es sabido que existe un número infinito de mundos, sencillamente porque hay una cantidad infinita de espacio para que todos se asienten en él. Sin embargo, no todos están habitados. Por tanto, debe haber un número finito de mundos habitados. Un número finito dividido por infinito se aproxima lo suficiente a la nada para que no haya diferencia, de manera que puede afirmarse que la población media de todos los planetas del Universo es cero. De ello se desprende que la población media de todo el Universo también es cero, y que todas las personas con que uno pueda encontrarse de vez en cuando no son más que el producto de una imaginación trastornada.
5 Unidades monetarias: Ninguna.
En realidad, en la Galaxia hay tres monedas de libre cambio, pero ninguna cuenta. El dólar altairiano se ha desmoronado hace poco, la bolita pobble llainiana sólo se puede cambiar por otras bolitas pobbles llainianas, y el pu trigánico tiene sus propios problemas muy particulares. Su tasa de cambio, ocho ningis por un pu, es bastante simple, pero como un ningi es una moneda triangular de goma, de diez mil cuatrocientos kilómetros por cada lado, nunca ha tenido nadie suficiente para poseer un pu. El ningi no es una moneda negociable porque los galactibancos se niegan a tratar con un cambio insignificante. A partir de esta premisa fundamental es muy sencillo demostrar que los galactibancos también son producto de una imaginación trastornada.
6 Arte: Ninguno
La función del arte es servir de espejo a la naturaleza, y no existe un espejo lo suficientemente grande: véase el punto uno.
7 Sexualidad: Ninguna.
Bueno, en realidad hay muchísima, sobre todo debido a la total ausencia de dinero, de comercio, de bancos, de arte y de cualquier otra cosa que mantenga ocupada a toda la población inexistente del Universo.
Sin embargo, no vale la pena emprender ahora una larga discusión sobre ello, porque es algo verdaderamente muy complicado. Para más información véanse los capítulos siete, nueve, diez, once, catorce, dieciséis, diecisiete, diecinueve, veintiuno a ochenta y cuatro inclusive, y la mayor parte del resto de
la Guía.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
11001111
El inventor del Vórtice de la perspectiva total ideó la máquina con la intención fundamental de molestar a su mujer.
Trin Trágula, que así se llamaba, era un soñador, un pensador, un filósofo especulativo o, tal como lo definía su mujer, un idiota.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
Trin Trágula, que así se llamaba, era un soñador, un pensador, un filósofo especulativo o, tal como lo definía su mujer, un idiota.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
20140208
11001110
-Te contaré una historia. ¿Te gustaría oírla?
-Pues...
-Hace muchos años, éste era un planeta próspero y feliz; era un mundo normal en el que había gente, ciudades y tiendas. Pero en las calles elegantes de las ciudades había más zapaterías de las estrictamente necesarias. Y poco a poco, de manera insidiosa, fue aumentando el número de tales comercios. Es un fenómeno económico bien conocido pero trágico de ver en la práctica, porque cuantas más zapaterías había, más zapatos tenían que fabricar y más incómodos de llevar resultaban. Y cuanto más se gastaban, más calzado compraba la gente y más tiendas proliferaban, hasta que toda la economía del planeta traspasó lo que, según creo, se denominaba Horizonte de la Competencia de Zapatos, y ya no fue económicamente posible fabricar algo que no fuesen zapatos. Consecuencia: fracaso, ruina y muerte. Murió la mayor parte de la población. Los pocos que tenían el tipo adecuado de inestabilidad genética se transformaron en pájaros, de los que ya has visto algunos, que maldijeron sus pies, renegaron del suelo y juraron no volver a pisarlo. Pobrecillos.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
-Pues...
-Hace muchos años, éste era un planeta próspero y feliz; era un mundo normal en el que había gente, ciudades y tiendas. Pero en las calles elegantes de las ciudades había más zapaterías de las estrictamente necesarias. Y poco a poco, de manera insidiosa, fue aumentando el número de tales comercios. Es un fenómeno económico bien conocido pero trágico de ver en la práctica, porque cuantas más zapaterías había, más zapatos tenían que fabricar y más incómodos de llevar resultaban. Y cuanto más se gastaban, más calzado compraba la gente y más tiendas proliferaban, hasta que toda la economía del planeta traspasó lo que, según creo, se denominaba Horizonte de la Competencia de Zapatos, y ya no fue económicamente posible fabricar algo que no fuesen zapatos. Consecuencia: fracaso, ruina y muerte. Murió la mayor parte de la población. Los pocos que tenían el tipo adecuado de inestabilidad genética se transformaron en pájaros, de los que ya has visto algunos, que maldijeron sus pies, renegaron del suelo y juraron no volver a pisarlo. Pobrecillos.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
20140207
11001101
El Universo, como ya hemos observado antes, es un lugar inabarcablemente grande, hecho que la mayoría de la gente tiende a ignorar en beneficio de una vida tranquila.
Mucha gente se mudaría contenta a otro sitio bastante más pequeño de su propia invención, cosa que realmente hace la mayoría de los individuos.
Por ejemplo, en un rincón del extremo oriental de la Galaxia está el planeta Oglarún, un enorme bosque cuya población "inteligente" vive siempre en un nogal bastante pequeño y lleno hasta los topes. En ese árbol nacen, viven, se enamoran, tallan en la corteza diminutos artículos especulativos sobre el sentido de la vida, la inutilidad de la muerta y la importancia del control de natalidad, libran unas cuantas guerras sumamente insignificantes y al fin mueren atados a la parte oculta de las ramas exteriores menos accesibles.
En realidad, los únicos oglarunianos que salen del árbol son aquellos expulsados por el nefando delito de preguntarse si existe otro árbol que contenga algo más que las ilusiones producidas por comer demasiadas oglanueces.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
Mucha gente se mudaría contenta a otro sitio bastante más pequeño de su propia invención, cosa que realmente hace la mayoría de los individuos.
Por ejemplo, en un rincón del extremo oriental de la Galaxia está el planeta Oglarún, un enorme bosque cuya población "inteligente" vive siempre en un nogal bastante pequeño y lleno hasta los topes. En ese árbol nacen, viven, se enamoran, tallan en la corteza diminutos artículos especulativos sobre el sentido de la vida, la inutilidad de la muerta y la importancia del control de natalidad, libran unas cuantas guerras sumamente insignificantes y al fin mueren atados a la parte oculta de las ramas exteriores menos accesibles.
En realidad, los únicos oglarunianos que salen del árbol son aquellos expulsados por el nefando delito de preguntarse si existe otro árbol que contenga algo más que las ilusiones producidas por comer demasiadas oglanueces.
Importado de "El Restaurante del Fin del Mundo"
20111104
01110000
La historia de todas las civilizaciones importantes de la Galaxia tiende a pasar por tres etapas diferentes y reconocibles, las de Supervivencia, Indagación y Refinamiento, también conocidas por las fases del Cómo,del Por qué y del Dónde.
Por Ejemplo, la primera fase se caracteriza por la pregunta: ¿Cómo podemos comer?; la segunda, por la pregunta: ¿Por qué comemos? y la tercera, por la pregunta: ¿Dónde vamos a almorzar?
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