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20131105

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El Diablo es pobre
En las ciudades de nuestro tiempo, inmensas cárceles que encierran a los prisioneros del miedo, las fortalezas dicen ser casas y las armaduras simulan ser trajes.
Estado de sitio. No se distraiga, no baje la guardia, no se confíe. Los amos del mundo dan la voz de alarma. Ellos, que impunemente violan la naturaleza, secuestran países, roban salarios y asesinan gentíos, nos advierten: cuidado. Los peligrosos acechan, agazapados en los suburbios miserables, mordiendo envidias, tragando rencores.
Los pobres: los pelagatos, los muertos de las guerras, los presos de las cárceles, los brazos disponables, los brazos desechables.
El hambre, que mata callando, mata a los callados. Los expertos, los pobrólogos, hablan por ellos. Nos cuentan en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.

Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres. ¿Será porque su hambre nos alimenta y su desnudez nos viste?


Importado de "Espejos"

20131102

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El Mal copia al Bien
El uno de sus frescos, en una capilla de Padua, el Giotto mostró los tormentos que los diablos infligían a los pecadores en el Infierno.
Como en otras obras de otros artistas de la época, los instrumentos del suplicio infernal provocaban espanto y miedo. Y cualquiera podía reconocer, en ese muestrario, las herramientas que la Santa Inquisición utilizaba para imponer la fe católica. Dios inspiraba a su peor enemigo: Satanás imitaba, en el infierno, la tecnología del dolor que los inquisidores aplicaban en la tierra.
El castigo confirmaba que este mundo no era más que un ensayo general del infierno. En el Más Acá y en el Más allá, la desobediencia merecía el mismo premio.

Importado de "Espejos"

20131028

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Gracias por el castigo
  En Babilonia, la ciudad maldita que según la Biblia fue 'puta y madre de putas', se estaba alzando aquella torre que era un pecado de arrogancia humana.
  Y el rayo de la ira no demoró: Dios condenó a los constructores a hablar lenguas diferentes para que nunca más pudiera nadie entenderse con nadie, y la torre quedó para siempre a medio hacer.
  Según los antiguos hebreos, la diversidad de las lenguas humanas fue un castigo divino.
  Pero quizá, queriendo castigarnos, Dios nos hizo el favor de salvarnos del aburrimiento de la lengua única.

Importado de "Espejos"

20100924

XXV

Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.

Extraído de "El Libro de Los Abrazos"

20100613

XVIII

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.

Viajaron al sur.

Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.

Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.

Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:

—¡Ayúdame a mirar!


(Extraído de La función del arte/1)

20100608

00011101

El pastor Miguel Brun me contó que hace algunos años estuvo con los indios del Chaco paraguayo. Él formaba parte de una misión evangelizadora. Los misioneros visitaron a un cacique que tenía prestigio de muy sabio. El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestañear la propaganda religiosa que le leyeron en lengua de los indios. Cuando la lectura terminó, los misioneros se quedaron esperando.

El cacique se tomó su tiempo. Después, opinó:

—Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien.

Y sentenció:

—Pero rasca donde no pica.

(importado de El Libro de los Abrazos)

20100312

X

Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

(extraído de La Noche, del Libro de los Abrazos)