Se acordó de mucho tiempo atrás, cuando Williamson, el oficial de granaderos, fue herido por una bomba de mano que una patrulla alemana lanzó una noche en la que él estaba cruzando la alambrada, y que, chillando, imploró a alguien que lo matara. Era un hombre grueso, muy valiente, y un buen oficial, aunque aficionado a los alardes descabellados. Pero aquella noche quedó atrapado en la alambrada, con una bengala iluminándole y las tripas esparcidas por la alambrada, de modo que para llevarlo vivo tuvieron que cortárselas. Pégame un tiro, Harry. Por amor de Dios, pégame un tiro. Una vez tuvieron una discusión relativa a que Dios nunca te enviaba nada que no pudieras soportar, y que según la teoría de alguien eso significaba que cuando el dolor llegaba a cierto punto te desmayabas automáticamente. Pero él siempre se había acordado de Williamson, aquella noche. Williamson no consiguió perder el conocimiento hasta que le dieron todas sus tabletas de morfina, que se había guardado para su uso personal, y luego resultó que no le hicieron nada.
Importado de "Las nieves del Kilimanjaro"
20150313
20150305
11110111
Como el calor –contaba que es como el calor–, estás dos o tres días
en el calor y lastima salir al frío. Pero los que estuvieron un tiempo en el
calor –parece mentira– resisten el frío más y por más tiempo.
–Sé de autos, sé de radiadores. Uno no es muy distinto de un auto. No es que uno guarde el calor en un termo de adentro, no es posible. Cualquier mecánico lo puede demostrar. Es otra cosa –explicaba–. Si se junta calor, después de un rato al frío el calor se va.
Pero el que estuvo un tiempo en el calor puede aguantar más tiempo el frío. Están ahí en el frío, ya se les enfriaron los termos y los circuitos del motor, y siguen aguantando, porque si llegan del calor, aunque estén fríos, se acuerdan del calor que tuvieron y pueden estar bien en el frío sabiendo que el calor existe, que el calor estuvo, que puede estar todavía ahí, esperándolos. En el frío, al que llegó desde el calor, cuando ya está frío le alcanza con saber que puede imaginarse cómo era el calor.
En cambio, el que estuvo en el frío, siempre en el frío, está frío, olvidó. Está listo, está frío, no tiene más calor en ningún lado y el frío lo come, le entra, ya no hay calor en ningún sitio, lo único que puede calentar es el frío, quedarse quieto, y en cuanto puede imaginar que ese frío quieto es calor, se deja estar al frío, comienza a helarse y el frío ya le deja de doler y termina.
Importado de "Los pichiciegos"
–Sé de autos, sé de radiadores. Uno no es muy distinto de un auto. No es que uno guarde el calor en un termo de adentro, no es posible. Cualquier mecánico lo puede demostrar. Es otra cosa –explicaba–. Si se junta calor, después de un rato al frío el calor se va.
Pero el que estuvo un tiempo en el calor puede aguantar más tiempo el frío. Están ahí en el frío, ya se les enfriaron los termos y los circuitos del motor, y siguen aguantando, porque si llegan del calor, aunque estén fríos, se acuerdan del calor que tuvieron y pueden estar bien en el frío sabiendo que el calor existe, que el calor estuvo, que puede estar todavía ahí, esperándolos. En el frío, al que llegó desde el calor, cuando ya está frío le alcanza con saber que puede imaginarse cómo era el calor.
En cambio, el que estuvo en el frío, siempre en el frío, está frío, olvidó. Está listo, está frío, no tiene más calor en ningún lado y el frío lo come, le entra, ya no hay calor en ningún sitio, lo único que puede calentar es el frío, quedarse quieto, y en cuanto puede imaginar que ese frío quieto es calor, se deja estar al frío, comienza a helarse y el frío ya le deja de doler y termina.
Importado de "Los pichiciegos"
20150303
11110110
El primero era un boludo, un amargado que recibía a los vueltos en grupitos de a diez cuando ya les habían dado ropa nueva y los habían hecho bañar y les hablaba, tristón, de que se había perdido una batalla, pero que la guerra era más que eso y que ahora había que ganarla obedeciendo y respetando al superior, porque ese era un ejército de San Martín. Era un boludo. Una vez un teniente habló en la isla de que los oficiales tendrían que hacer como San Martín y un capitán le dijo que a San Martín, en las Malvinas, se le hubiera resfriado el caballo.
Importado de "Los pichiciegos"
Importado de "Los pichiciegos"
20150301
11110101
Lo mismo: vienen los helicópteros, no se piensa en correr. Primero porque
se nota que te alcanzan, de rápidos que son. Después, porque corriendo
se hace fácil pisotear una mina y volar ovejita carneada por el
aire. Tercero –causa principal– por lo tan feo del ruido y el olor. El olor
ahoga; el ruido paraliza. Vienen volando bajo, atacan en montón: cincuenta,
sesenta, cien y hasta más helicópteros se han visto juntos en el
ataque. Llegan echando viento para abajo. ¿Y qué es esto tan hermoso?
Esto, tan lindo, es: ¡el escape! La primera impresión del escape es buenísima,
porque baja caliente. El viento bárbaro y caliente batido por las
hélices pega en el suelo y rebota del suelo y entra por las costuras de las
ropas, por las bocamangas de los gabanes y por los pantalones y circula
y calienta todo. Es alegría el viento recalentado de los helicópteros encima.
Pero después, cuando tratan de respirar, se les termina la alegría:
respiran y entra el olor a querosén mal quemado de los motores, eso
que ahoga. Entonces quisieran que la nieve y el barro los chupen para
siempre y quieren que vuelva el frío, el aire y lo mojado y que se vaya
para siempre el olor a helicóptero.
Pero lo peor, y lo que quita definitivamente las ganas de correr y hasta las de vivir, son los tipos: los tipos se asoman por una puerta grande del helicóptero, miran el terreno, lo eligen y tiran su cintita que cae como una serpentina a la tierra. Por ella, que parece que se fuera a cortar, bajan británicos –escots o– wels– y ver el entusiasmo que traen quita las ganas de correr y pone en su lugar el arrepentimiento de haber nacido en el putísimo año mil nueve sesenta y dos. ¡Si mirando de arriba, antes de bajar, parece que fueran a tirarse en la pileta del club de contentos! Bajan gritando: el griterío tan fuerte tapa el ruido de los helicópteros –que es – como de cien locomotoras– y ya bajando se les ven las caras afeitadas, alegres, lisitas, y se les ven los dientes de Kolynos que tienen y se les ven los ojos todos de vidrio celestito que cuando miran al argentino parecen apoyarle cubitos de hielo encima del riñón.
Importado de "Los pichiciegos"
Pero lo peor, y lo que quita definitivamente las ganas de correr y hasta las de vivir, son los tipos: los tipos se asoman por una puerta grande del helicóptero, miran el terreno, lo eligen y tiran su cintita que cae como una serpentina a la tierra. Por ella, que parece que se fuera a cortar, bajan británicos –escots o– wels– y ver el entusiasmo que traen quita las ganas de correr y pone en su lugar el arrepentimiento de haber nacido en el putísimo año mil nueve sesenta y dos. ¡Si mirando de arriba, antes de bajar, parece que fueran a tirarse en la pileta del club de contentos! Bajan gritando: el griterío tan fuerte tapa el ruido de los helicópteros –que es – como de cien locomotoras– y ya bajando se les ven las caras afeitadas, alegres, lisitas, y se les ven los dientes de Kolynos que tienen y se les ven los ojos todos de vidrio celestito que cuando miran al argentino parecen apoyarle cubitos de hielo encima del riñón.
Importado de "Los pichiciegos"
20150227
11110100
- Ya sé que la astrología no es una ciencia - prosiguió Gail -. Claro que no.
No es más que un conjunto arbitrario de normas como el ajedrez, el tenis o
¿cómo se llama ese extraño juego que practican ustedes en Gran Bretaña?
- Humm... ¿El críquet? ¿El desprecio de sí mismo?
- La democracia parlamentaria. Las normas por las que se rige, más o menos. No tienen sentido alguno salvo por sí mismas. Pero cuando esas normas se aplican, se desencadena toda clase de procesos y se empieza a descubrir toda clase de cosas sobre la gente. Resulta que en la astrología las normas se aplican a los astros y los planetas, pero las consecuencias serían las mismas si se refiriesen a los patos y los ánades. No es más que una forma de meditar que permite poner al descubierto la estructura de un problema. Cuanto más normas haya, cuanto más reducidas y arbitrarias sean, mejor. Es como arrojar un puñado de polvo de grafito sobre un papel para ver dónde están las marcas del lápiz. Permite ver las palabras escritas en el papel que estaba encima. El grafito no tiene importancia. Sólo es el medio de revelar las marcas. Así que ya ve, la astrología no tiene nada que ver con la astronomía. Sólo con personas que meditan sobre otras personas.
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
- Humm... ¿El críquet? ¿El desprecio de sí mismo?
- La democracia parlamentaria. Las normas por las que se rige, más o menos. No tienen sentido alguno salvo por sí mismas. Pero cuando esas normas se aplican, se desencadena toda clase de procesos y se empieza a descubrir toda clase de cosas sobre la gente. Resulta que en la astrología las normas se aplican a los astros y los planetas, pero las consecuencias serían las mismas si se refiriesen a los patos y los ánades. No es más que una forma de meditar que permite poner al descubierto la estructura de un problema. Cuanto más normas haya, cuanto más reducidas y arbitrarias sean, mejor. Es como arrojar un puñado de polvo de grafito sobre un papel para ver dónde están las marcas del lápiz. Permite ver las palabras escritas en el papel que estaba encima. El grafito no tiene importancia. Sólo es el medio de revelar las marcas. Así que ya ve, la astrología no tiene nada que ver con la astronomía. Sólo con personas que meditan sobre otras personas.
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
20150226
11110011
Cine. ¡Ah!, otra vez. Tricia acababa de ver la última película de Woody
Allen, que trataba de la angustia de ser neurótico en Nueva York. Ya había
hecho un par de ellas que exploraban el mismo tema y Tricia se preguntaba si
alguna vez se le había ocurrido marcharse a vivir a otro sitio, pero le dijeron
que era totalmente contrario a la idea. Así que, más películas, pensó ella.
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
20150225
11110010
Una de las cosas extraordinarias de la vida es la clase de sitios donde está
dispuesta a prosperar. En cualquier lugar donde pueda encontrar cierta especie
de asidero. Ya sea en los embriagadores mares de Santraginus V, donde
parece que a los peces les importa un bledo saber en qué dirección nadan, o
en las tormentas de fuego de Frastra, donde, según dicen, la vida empieza a
los 40.000 grados, o bien ahondando en el intestino delgado de una rata
simplemente por puro placer, la vida siempre encuentra un medio de aferrarse
a alguna parte.
Y existirá vida incluso en Nueva York, aunque es difícil saber por qué. En
invierno la temperatura cae bastante por debajo del mínimo legal o, mejor
dicho, así sería si alguien tuviera el sentido común de establecer un mínimo
legal. La última vez que elaboraron una lista de las cien cualidades más
destacadas del carácter de los neoyorquinos, el sentido común ocupaba el
puesto setenta y nueve.
En verano hace demasiado calor. Una cosa es pertenecer a una forma de
vida que prospera con el calor y considera, como los frastrianos, que una
fluctuación entre 40.000 y 40.004 representa una temperatura estable, y otra
muy distinta ser la especie de animal que tiene que envolverse en montones de
otros animales en un punto de su órbita planetario, para luego encontrarse,
media órbita después, con que la piel se le está llenando de ampollas.
La primavera está sobrevalorada. Muchos habitantes de Nueva York
parlotean exageradamente sobre los placeres de la primavera, pero si
conocieran realmente los mínimos placeres de esa estación sabrían por lo
menos de cinco mil novecientos ochenta y tres sitios mejores que Nueva York
para pasar la primavera, y sólo en la misma latitud.
El otoño, sin embargo, es lo peor. Pocas cosas son peores que el otoño en
Nueva York. Algunas de las formas de vida que habitan en los intestinos
delgados de las ratas no estarían de acuerdo, pero como en cualquier caso la
mayoría de las cosas que viven en el intestino delgado de las ratas son
desagradables, su opinión puede y debe descontarse. En otoño, en Nueva
York el aire huele a fritanga de cabra, y si se es muy aficionado a respirar, lo
mejor es abrir una ventana y meter la cabeza dentro de un edificio.
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
dispuesta a prosperar. En cualquier lugar donde pueda encontrar cierta especie
de asidero. Ya sea en los embriagadores mares de Santraginus V, donde
parece que a los peces les importa un bledo saber en qué dirección nadan, o
en las tormentas de fuego de Frastra, donde, según dicen, la vida empieza a
los 40.000 grados, o bien ahondando en el intestino delgado de una rata
simplemente por puro placer, la vida siempre encuentra un medio de aferrarse
a alguna parte.
Y existirá vida incluso en Nueva York, aunque es difícil saber por qué. En
invierno la temperatura cae bastante por debajo del mínimo legal o, mejor
dicho, así sería si alguien tuviera el sentido común de establecer un mínimo
legal. La última vez que elaboraron una lista de las cien cualidades más
destacadas del carácter de los neoyorquinos, el sentido común ocupaba el
puesto setenta y nueve.
En verano hace demasiado calor. Una cosa es pertenecer a una forma de
vida que prospera con el calor y considera, como los frastrianos, que una
fluctuación entre 40.000 y 40.004 representa una temperatura estable, y otra
muy distinta ser la especie de animal que tiene que envolverse en montones de
otros animales en un punto de su órbita planetario, para luego encontrarse,
media órbita después, con que la piel se le está llenando de ampollas.
La primavera está sobrevalorada. Muchos habitantes de Nueva York
parlotean exageradamente sobre los placeres de la primavera, pero si
conocieran realmente los mínimos placeres de esa estación sabrían por lo
menos de cinco mil novecientos ochenta y tres sitios mejores que Nueva York
para pasar la primavera, y sólo en la misma latitud.
El otoño, sin embargo, es lo peor. Pocas cosas son peores que el otoño en
Nueva York. Algunas de las formas de vida que habitan en los intestinos
delgados de las ratas no estarían de acuerdo, pero como en cualquier caso la
mayoría de las cosas que viven en el intestino delgado de las ratas son
desagradables, su opinión puede y debe descontarse. En otoño, en Nueva
York el aire huele a fritanga de cabra, y si se es muy aficionado a respirar, lo
mejor es abrir una ventana y meter la cabeza dentro de un edificio.
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
11110001
La historia de la Galaxia se ha vuelto un poco confusa por una serie de motivos. En parte porque los que intentan seguirle la pista andan un poco perplejos, pero también porque de todos modos han ocurrido cosas muy desconcertantes.
Una de las complicaciones se refiere a la velocidad de la luz y a los consiguientes obstáculos para rebasarla. Es imposible. Nada viaja más deprisa que la velocidad de la luz con la posible excepción de las malas noticias, que obedecen a leyes propias particulares. Los habitantes de Hingefreel, de Arkintoofle Menor, trataron de construir naves impulsadas por malas noticias, pero no les salió muy bien y, cuando llegaban a algún sitio done realmente no tenían nada que hacer, solían dispensarles un recibimiento de lo más desagradable.
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
Una de las complicaciones se refiere a la velocidad de la luz y a los consiguientes obstáculos para rebasarla. Es imposible. Nada viaja más deprisa que la velocidad de la luz con la posible excepción de las malas noticias, que obedecen a leyes propias particulares. Los habitantes de Hingefreel, de Arkintoofle Menor, trataron de construir naves impulsadas por malas noticias, pero no les salió muy bien y, cuando llegaban a algún sitio done realmente no tenían nada que hacer, solían dispensarles un recibimiento de lo más desagradable.
Importado de "Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva"
20141007
11110000
Estas son las palabras que finalmente me convirtieron en el ermitaño que ahora soy, fue muy repentino. Las vi y supe lo que tenía que hacer.
El letrero decía:
Sujete el palillo por la mitad. Humedezca con la boca el extremo puntiagudo. Introdúzcalo en el espacio interdental, con el extremo romo cerca de la encía. Muévalo suavemente de dentro a afuera.
- Me pareció - dijo Wonko el Cuerdo - que una civilización que hubiera perdido la cabeza hasta el punto de incluir una serie de instrucciones detalladas para utilizar un paquete de palillos de dientes ya no era una civilización en la que yo pudiera vivir y seguir cuerdo.
Importado de "Hasta luego y gracias por el pescado"
El letrero decía:
Sujete el palillo por la mitad. Humedezca con la boca el extremo puntiagudo. Introdúzcalo en el espacio interdental, con el extremo romo cerca de la encía. Muévalo suavemente de dentro a afuera.
- Me pareció - dijo Wonko el Cuerdo - que una civilización que hubiera perdido la cabeza hasta el punto de incluir una serie de instrucciones detalladas para utilizar un paquete de palillos de dientes ya no era una civilización en la que yo pudiera vivir y seguir cuerdo.
Importado de "Hasta luego y gracias por el pescado"
20141006
11101111
Tomando bocadillos en los bares los sábados a la hora de comer, es como los británicos intentan expiar sus pecados nacionales, cualesquiera que sean.
No tienen nada claro qué clase de pecados son, y tampoco quieren saberlo. Ese es el tipo de cosas que uno no quiere saber. Pero sean los que sean, quedan ampliamente purgados por los bocadillos que se obligan a comer.
Si algo hay pedir que los bocadillos, son las salchichas que siempre se encuentran a su lado. Cilindros sin alegría, llenos de cartílagos, que flotan en un mar de algo caliente y triste, con un alfiler de plástico en forma de gorro de jefe de cocina: en recuerdo, podría pensarse, de algún cocinero que odiaba al mundo y murió olvidado y solo entre sus gatos en una escalera de servicio en Stepney.
Las salchichas son para quienes saben cuáles son sus pecados desean expiar alguno en concreto.
Importado de "Hasta luego, y gracias por el pescado"
No tienen nada claro qué clase de pecados son, y tampoco quieren saberlo. Ese es el tipo de cosas que uno no quiere saber. Pero sean los que sean, quedan ampliamente purgados por los bocadillos que se obligan a comer.
Si algo hay pedir que los bocadillos, son las salchichas que siempre se encuentran a su lado. Cilindros sin alegría, llenos de cartílagos, que flotan en un mar de algo caliente y triste, con un alfiler de plástico en forma de gorro de jefe de cocina: en recuerdo, podría pensarse, de algún cocinero que odiaba al mundo y murió olvidado y solo entre sus gatos en una escalera de servicio en Stepney.
Las salchichas son para quienes saben cuáles son sus pecados desean expiar alguno en concreto.
Importado de "Hasta luego, y gracias por el pescado"
20141005
11101110
Will Smithers, por ejemplo, el dueño de Ignorantón, perro nada prodigioso y animal tan estúpido que lo habían despedido de uno de los anuncios de Will por ser incapaz de saber qué comida de perro debía preferir, pese al hecho de que en los demás cuencos habían vertido aceite de motores.
Importado de "Hasta luego, y gracias por el pescado"
20141004
11101101
"Seems to me you put too much stock in the affairs of children. It probably didn't mean anything."
"Yes, it meant something. Then he said, “Mr. Trask, do you think the thoughts of people suddenly become important at a given age? Do you have sharper feelings or clearer thoughts now than when you were ten? Do you see as well, hear as well, taste as vitally?”
"Maybe you're right," sid Adam.
"It's one of the great fallacies, it seems to me," said Lee, "that time gives much o anything but years and sadness to a man."
"And memory."
"Yes, memory. Without that, time would be unarmed against us."
Importado de "East of Eden"
"Yes, it meant something. Then he said, “Mr. Trask, do you think the thoughts of people suddenly become important at a given age? Do you have sharper feelings or clearer thoughts now than when you were ten? Do you see as well, hear as well, taste as vitally?”
"Maybe you're right," sid Adam.
"It's one of the great fallacies, it seems to me," said Lee, "that time gives much o anything but years and sadness to a man."
"And memory."
"Yes, memory. Without that, time would be unarmed against us."
Importado de "East of Eden"
20141003
11101100
“In uncertainty I am certain that underneath their topmost layers of frailty men want to be good and want to be loved. Indeed, most of their vices are attempted short cuts to love. When a man comes to die, no matter what his talents and influence and genius, if he dies unloved his life must be a failure to him and his dying a cold horror. It seems to me that if you or I must choose between two courses of thought or action, we should remember our dying and try to live so that our death brings no pleasure to the world.”
Importado de "East of Eden"
Importado de "East of Eden"
20141002
11101011
- Procede de una democracia muy antigua, ¿comprendes?
- ¿Quieres decir que viene de un mundo de lagartos?
- No - dijo Ford, que entonces estaba en un plan algo más racional y coherente que antes, una vez que se le obligó a beber el café -, no es tan sencillo. No es así de simple. En su mundo, la gente es gente. Los dirigentes son lagartos. La gente odia a los lagartos y los lagartos gobiernan a la gente.
- Qué raro - comentó Arthur -, te había entendido que era una democracia.
- Eso dije. Y lo es - aseguró Ford.
- Entonces, ¿por qué la gente no se libra de los lagartos? - preguntó Arthur, esperando no parecer ridículamente obtuso.
- Francamente, no se les ocurre. Todos tienen que votar, de manera que creen que el gobierno que votan es más o menos lo que quieren.
- ¿Quieres decir que efectivamente votan a los lagartos?
- Pues claro - repuso Ford, encogiéndose de hombros.
- Pero - objetó Arthur, volviendo de nuevo a la gran pregunta -, ¿por qué?
- Porque si no votaran por un lagarto determinado - explicó Ford -, podría salir el lagarto que no conviene. ¿Tienes ginebra?
- ¿Qué?
- He preguntado - dijo Ford, con un creciente tono de urgencia en la voz - que si tienes ginebra.
- Ya miraré. Háblame de los lagartos.
Ford volvió a encogerse de hombros.
- Algunos dicen que los lagartos son lo mejor que han conocido nunca. Están totalmente equivocados, por supuesto, entera y absolutamente equivocados, pero alguien se lo tiene que decir.
- Pero eso es terrible - observó Arthur.
- Mira tío - repuso Ford -, si me hubieran dado un dólar altariano cada vez que alguien mira a una parte del Universo y dice «Eso es terrible», no estaría aquí sentado como un limón esperando una ginebra. Pero no tengo ninguno, y aquí estoy.
Importado de "Hasta luego, y gracias por el pescado"
- ¿Quieres decir que viene de un mundo de lagartos?
- No - dijo Ford, que entonces estaba en un plan algo más racional y coherente que antes, una vez que se le obligó a beber el café -, no es tan sencillo. No es así de simple. En su mundo, la gente es gente. Los dirigentes son lagartos. La gente odia a los lagartos y los lagartos gobiernan a la gente.
- Qué raro - comentó Arthur -, te había entendido que era una democracia.
- Eso dije. Y lo es - aseguró Ford.
- Entonces, ¿por qué la gente no se libra de los lagartos? - preguntó Arthur, esperando no parecer ridículamente obtuso.
- Francamente, no se les ocurre. Todos tienen que votar, de manera que creen que el gobierno que votan es más o menos lo que quieren.
- ¿Quieres decir que efectivamente votan a los lagartos?
- Pues claro - repuso Ford, encogiéndose de hombros.
- Pero - objetó Arthur, volviendo de nuevo a la gran pregunta -, ¿por qué?
- Porque si no votaran por un lagarto determinado - explicó Ford -, podría salir el lagarto que no conviene. ¿Tienes ginebra?
- ¿Qué?
- He preguntado - dijo Ford, con un creciente tono de urgencia en la voz - que si tienes ginebra.
- Ya miraré. Háblame de los lagartos.
Ford volvió a encogerse de hombros.
- Algunos dicen que los lagartos son lo mejor que han conocido nunca. Están totalmente equivocados, por supuesto, entera y absolutamente equivocados, pero alguien se lo tiene que decir.
- Pero eso es terrible - observó Arthur.
- Mira tío - repuso Ford -, si me hubieran dado un dólar altariano cada vez que alguien mira a una parte del Universo y dice «Eso es terrible», no estaría aquí sentado como un limón esperando una ginebra. Pero no tengo ninguno, y aquí estoy.
Importado de "Hasta luego, y gracias por el pescado"
20141001
11101010
PROLOGO
En los remotos e inexplorados confines del arcaico extremo occidental de la Espiral de la Galaxia, brilla un pequeño y despreciable sol amarillento.
En su órbita, a una distancia aproximada de ciento cincuenta millones de kilómetros gira un pequeño planeta totalmente insignificante de color azul verdoso, cuyos pobladores, descendientes de los simios, son tan asombrosamente primitivos que aún creen que los relojes digitales son de muy buen gusto.
Ese planeta tiene o, mejor dicho, tenía el problema siguiente: la mayoría de sus habitantes eran desdichados durante casi todo el tiempo.
Muchas soluciones se sugirieron para tal problema, pero la mayor parte de ellas se referían principalmente a los movimientos de unos papelitos verdes; cosa extraña, ya que los papelitos verdes no eran precisamente quienes se sentían desdichados.
De manera que persistió el problema; muchos eran mezquinos, y la mayoría se sentían desgraciados, incluso los que poseían relojes digitales.
Cada vez eran más los que pensaban que, en primer lugar, habían cometido un grave error al bajar de los árboles. Y algunos afirmaban que lo de los árboles había sido una equivocación, y que nadie debería haber salido de los océanos.
Y entonces, un jueves, casi dos mil años después de que clavaran a un hombre a un árbol por decir que, para variar, sería estupendo portarse bien con los demás, una muchacha sentada sola en un pequeño bar de Rickmansworth comprendió de pronto qué había ido mal hasta entonces, y supo por fin cómo el mundo podría convertirse en un lugar agradable y feliz. Esta vez era cierto, daría resultado, y no habría que clavar a nadie a ningún sitio.
Lamentablemente, sin embargo, antes de que, pudiera llegar a un teléfono para contárselo a alguien, la Tierra fue súbitamente demolida para dar paso a una nueva vía de circunvalación hiperespacial. Y así se perdió la idea, al parecer para siempre.
Esta es la historia de la muchacha.
Importado de "Hasta luego y gracias por el pescado"
En los remotos e inexplorados confines del arcaico extremo occidental de la Espiral de la Galaxia, brilla un pequeño y despreciable sol amarillento.
En su órbita, a una distancia aproximada de ciento cincuenta millones de kilómetros gira un pequeño planeta totalmente insignificante de color azul verdoso, cuyos pobladores, descendientes de los simios, son tan asombrosamente primitivos que aún creen que los relojes digitales son de muy buen gusto.
Ese planeta tiene o, mejor dicho, tenía el problema siguiente: la mayoría de sus habitantes eran desdichados durante casi todo el tiempo.
Muchas soluciones se sugirieron para tal problema, pero la mayor parte de ellas se referían principalmente a los movimientos de unos papelitos verdes; cosa extraña, ya que los papelitos verdes no eran precisamente quienes se sentían desdichados.
De manera que persistió el problema; muchos eran mezquinos, y la mayoría se sentían desgraciados, incluso los que poseían relojes digitales.
Cada vez eran más los que pensaban que, en primer lugar, habían cometido un grave error al bajar de los árboles. Y algunos afirmaban que lo de los árboles había sido una equivocación, y que nadie debería haber salido de los océanos.
Y entonces, un jueves, casi dos mil años después de que clavaran a un hombre a un árbol por decir que, para variar, sería estupendo portarse bien con los demás, una muchacha sentada sola en un pequeño bar de Rickmansworth comprendió de pronto qué había ido mal hasta entonces, y supo por fin cómo el mundo podría convertirse en un lugar agradable y feliz. Esta vez era cierto, daría resultado, y no habría que clavar a nadie a ningún sitio.
Lamentablemente, sin embargo, antes de que, pudiera llegar a un teléfono para contárselo a alguien, la Tierra fue súbitamente demolida para dar paso a una nueva vía de circunvalación hiperespacial. Y así se perdió la idea, al parecer para siempre.
Esta es la historia de la muchacha.
Importado de "Hasta luego y gracias por el pescado"
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